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Indice

Cuerpo y literatura

Psicoanálisis y poesía

Entrevista a
ALBERTO LAISECA

De mi bastón salen jingles

Consultorio literario

Dossier:
. No habrá más olvidos ni perdones . Teatroxla Identidad . Una forma de resistencia cultural . Monólogos representados en el ciclo 2002 . Entrevista TxI -

Laguna "Pata de palo", adiós
Por Tom Lupo

"Cosas veredes Sancho, que no creyeres"
Manual de estilo para tomar colectivos correctamente.

Folletín

Cuentos y Poesías de por acá

Concursos

Comic literario:
Piel de Judas
por Rodrigo Terranova

Editorial
Por Ricardo Romero

Hace poco, en una conversación de café en la que estábamos buscando la forma de encarar un nuevo número de Oliverio, Tom Lupo me largó esta pregunta: "¿Por qué será que todo entusiasmo que nos habita siempre parece estar escondiéndonos un principio de falsedad, y que toda resignación a la que nos sometemos nos parece sugerir una verdad?" La pregunta me recorrió todo este último mes, entre búsqueda de notas y citas para entrevistas. Después descubrí que es algo que él se viene preguntando desde hace por lo menos veinte años, cuando leí un ejemplar de Banana (Nº2, diciembre de 1982). ¿Qué hace que el entusiasmo nos parezca tan pueril y la resignación tan sabia? ¿El temor al ridículo, el miedo al error, el espanto estético frente algún tipo de acné ontológico? Por esos días también hice un pequeño viaje a Cañuelas con Hugo Cella (Cañuelas, Hugo Cella, rima y todo, no si la realidad a veces es tan enervante como el Arcipreste de Hita...). Hombre circunspecto si los hay a la hora de hablar de compromisos, es una de las personas que más he visto reír. En promedio, claro, el tipo se pasa, entre chiste y chiste, riendo el 94% de su tiempo. Es un promedio exacto porque no voy andar escribiendo una editorial con aproximaciones. En fin, lo que sucedió fue que en transcurso del viaje Hugo me comentó que la revista le gustaba, pero que le faltaba un paso más hacia algún tipo de compromiso. Yo, ilustre y lustrado veinteañero que vivió su juventud más joven en la década menemista, me sorprendí. Y es que no era para menos, casi sentí que me estaba pidiendo que no fuera inteligente. Pizza y volanteada trunca de por medio (a quién se le ocurre ir a repartir volantes a un pueblo en la hora de la siesta... sólo pudimos contactar a la solapa porque el viejo de la bolsa usa esas horas para ir al psicoanalista desde que los chicos les perdieron el miedo), la conversación continuó. En definitiva, el planteo me devolvía a la pregunta de Tom.

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“Hay que tener convicciones fatales para poder sobrevivir. Hay que confiar en la victoria final”.
Alberto Laiseca

“El juez dijo que era mi abuelo paterno. Arrastrando los pies vino hasta mí. Sus manos buscaron las mías, con un gesto brusco. Pero cuando tomó mis manos y las tuvo en las suyas, y las contempló, fue pura tibieza, como si estuviera acunando un pájaro hueco en las manos”.
Mariana Pérez