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Entrevista
a Vicente Battista

Por Hernán Bayon

La felicidad del descorchador
(una fábula)
Por Ricardo Romero
 

Cristianismo,
existencialismo y correo de postas

Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto


Indice

Entrevista a
VICENTE BATTISTA

Cristianismo, existencialismo y correo de postas

Consultorio literario

Fabricantesde recuerdos

DOSSIER
Entre los trópicos. Nueva poesía centroamericana:
Honduras | Nicaragua | Panamá | Guatemala | Costa Rica
El Salvador

Chiquito
por TOM LUPO

Entrevista a
JUAN J. HERNÁNDEZ

De monos y bananas,de hombres y empresas

La felicidad del descorchador (una fábula)

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Comic. QUISIERA TENER UN NOMBRE

Editorial
Por Ricardo Romero

Juancito De Los Palotes es un chico como cualquiera. Todas las mañanas sale para el colegio una hora antes. Tiene que tomar la línea "C" del subte en Independencia, y hacer combinación con la línea "B" en Diagonal Norte. A Juancito no le gusta llegar tarde al colegio. Juancito de Los Palotes es

un chico como cualquiera y últimamente, desde hace unas dos semanas, tiene un sueño recurrente. Sueña, mientras va en el subte todo apretujado, que en su mochilla, entre las precarias carpetas, las Crónicas Marcianas de Bradbury, el último número de Punisher, el discman y la discografía completa de Radiohead, lleva una bomba. No es un pensamiento, es un sueño, está despierto pero es un sueño. Tampoco es un deseo. Es algo que se le viene a la cabeza y que él deja estar ahí con curiosidad, como si mirara la rara forma de un moco que se acaba de sacar de la nariz. Juancito de los Palotes es un chico inteligente y sensible, y por eso frente a este sueño recurrente, no puede evitar mirar las caras de los pasajeros que lo acompañan como si quisiera avisarles lo que está soñando. Sin embargo Juancito es un adolescente y a veces no quiere avisarles nada, y quiere que todo vuele por los aires, él incluido. Pero ese deseo lo tenemos todos y no está dentro del sueño de Juancito, porque el sueño es sólo el peso neutro de la bomba en su mochila.

En otro lugar de Buenos Aires, un casi treintañero culturoso se entera de que en el bar de la esquina van a echar a uno de los camareros porque al dueño le llegó el comentario de que es comunista y que está organizando al personal en contra suyo. Al casi treintañero que le llega esta noticia, esto le parece absurdo. No sólo porque el muchacho no es comunista, sino porque le parece que a esta altura de las cosas, es absurdo que a alguien lo echen por comunista. Pero se lo confirman, le dicen que a otro de los empleados le pidieron que no fuera más a trabajar con una remera con la imagen del Che. Absurdo. Es absurdo. Eso es lo que piensa el casi treintañero culturoso, y este pensamiento lo entristece tanto como la injusticia de la que es víctima el camarero. Los viejos sueños alternativos dejaron de ser una amenaza y por eso es absurdo que alguien todavía reaccione contra ellos. Ese pensamiento es muy triste, piensa el casi treintañero desahuciado. Al menos, antes la injusticia tenía sentido. ¿Dónde están ahora los sueños amenazantes, las alternativas que al menos incitaban el pensamiento? ¿Cuáles son? Se pregunta.

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“Dios mismo no deja de ser una apuesta del individuo: ningún silogismo escolástico puede demostrarlo, ninguna explicación racional.”
Juan Sottosanto

“Admito que me interesa una poesía que no desdeña el cerebro, pero me fijo mucho en el ritmo.  Intento ser un animal que aprende de su poesía, permito que la poesía me eduque.”
Alan Mills