Editorial 13
por Ricardo Romero
Y ahora la poesía, los poetas. Otros mil años de aullidos o balbuceos en estos momentos en que gateamos el milenarismo. Con el propósito de insistir en el despropósito, en el dossier de este número convocamos a quince poetas (en realidad muchos más, pero estos que están son los que contestaron) para pensar un poco qué es lo que ha venido pasando en las últimas décadas en la poesía Argentina. Sabemos que de entrada los estamos obligando a pisar en falso. Pero es como en la canción de Pequeña Orquesta Reincidentes, cuando alguien pregunta “¿Che este de River Cruz, juega en Holaannnnda?” en una mesa donde redunda el silencio. Una pregunta embarazosa y absurda para que alguien conteste. O para que alguien se ría o proteste o se pare y se vaya al baño (y en el baño que haga lo que quiera, incluso respondernos). Una excusa para el diálogo, otra vez. Algunos de estos poetas miran al pasado reciente (no tan reciente para otros) de la dictadura, buscando desde ahí elaborar una lectura del presente. Otros se apoyan en la experiencia plural e irreverente de lo que empezó a generarse en los 90, y hacen de ése su horizonte de partida. Y mientras los discursos cotidianos y tribales se resignifican en la poesía, la poesía se resignifica a través de ellos llegando a generar esa “guerrilla” de la que habla Casas en su texto, con modos de producción y difusión propios como las editoriales autogestionadas, las revistas, los blogs y los recitales. Parece que funciona. En el número anterior, entre los narradores, el lector aparecía como un problema, como una entelequia entelequiada, multiplicada por el desencuentro. Curiosamente, ninguno de los poetas que escribieron para este número se tomó el trabajo de recordarnos que la poesía es algo que no le importa a nadie. Por suerte. Y es que se puede percibir que estos poetas se sienten leídos, y se leen. ¿Mercado, academia, dónde ocurren esas lecturas? Tal vez en esto haya algo importante. Tal vez en esto haya algo que rastrear para los que nos desbarrancamos en la búsqueda de una historia y sus pormenores. Lo que estos poetas destacaron es que son unos cuantos los que creen que es en la poesía donde se ha gestado lo más interesante de la literatura argentina de estos últimos años. Viene teniendo su certidumbre, esto. Y mientras Fogwill, con ayuda de los editores de Ñ, dice que cada libro nuevo bueno lo mata porque hubiese querido escribirlo él y yo lo veo cada vez más parecido a Don Ramón (en la biografía que Cucurto planea deberían ser tenidas en cuenta estas prolongaciones lombrosianamente kármicas), pareciera que por fin los narradores estamos aprendiendo de los poetas. Grupos como Alejandría y ahora la editorial Carne Argentina generan encuentros, lecturas, duelos narrativos que se prolongan en sobremesas donde las obsesiones que cada uno desenrolla en la intimidad –gatos para siempre torpes–, se potencian y encuentran ecos, similitudes que muchas veces son objetos extraños que hay que reelaborar. De pronto alguien nos habla a nosotros de nosotros. Y más allá de cada recorrido particular, esa parece ser la experiencia afortunada de la que nos hablan estos poetas. No sé lo que les pasará a ustedes, pero a mí me dan más ganas de leerlos, aunque sólo sea porque no me lo piden.
Hace 50 a ños un poeta de otro hemisferio materializó su experiencia en poesía, la suya y la de una generación. ¿Es duro decir que para nosotros Ginsberg sólo existió porque existe el poema? No. Porque hemos aprendido y seguiremos aprendiendo que la poesía es materia, herida y cicatriz que puntualiza la existencia (perdón pido ante el purista, pero me vienen a la cabeza Mel Gibson y René Russo en Arma Mortal 3, mostrándose las heridas y enamorándose, neandertales carismáticos tan parecidos y tan diferentes a nosotros). Bah, la literatura es eso, el detalle que intentamos encarnar para que nos justifique. Y los ojos seguirán siendo bocas para hablar, callar, morder y besar y la boca seguirá siendo un ojo que brilla en la oscuridad, parpadeando para desbaratar el mundo e improvisarlo al instante siguiente.Ricardo Romero